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martes, 10 de mayo de 2011

Terapia

Para mi, escribir es como una terapia.
Dejar plasmados en palabras pensamientos y sentimientos era algo casi mágico, transmitir emociones en unas pocas líneas significaba que las sentía, o podía sentirlas, y por tanto, que estaba vivo.
Miedos, penas, tristeza, dolor, angustia, frustración, abundaban en sus escritos, como si de ese modo pudiese deshacerme de ellas, o al menos paliar en parte las sensaciones que me abrumaban.

Ignoraba si las palabras conseguían producir en quienes las leían algún efecto. Bueno o malo, eso dependía de cada persona. Lo realmente importante era transmitir.

Lamentaba no ser capaz de escribir textos que, al leerlos, produjesen sonrisas de esas que tanto añoraba, pero no era yo quien decidía. Lo hacía mi corazón. Y éste, nunca mentía.

Tras terminar un relato, siempre lo leía. Y al hacerlo, a veces me estremecía por tanto dolor expresado.

Otras, me sentía reconfortado, pues existía en algunas de mis historias un destello de esperanza.
Y en casi todas me veía a mi  mismo, identificando multitud de hechos, o sueños, de mi propia vida, pues aunque no era yo quien escribía, sino mi corazón, era éste quien más me conocía y, muy a su pesar, el único que me quería.

Pero también por suerte, el único que todavía me quería.
Por suerte...
Todavía...

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