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sábado, 2 de julio de 2011

Buscando

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La nula autoestima de la que disfrutaba no le era suficiente para quererse. Cada vez se abandonaba un poco más, se importaba un poco menos. Y al no apreciarse a sí mismo, difícilmente podía apreciar a las demás personas. Y al no sentirse especial, difícilmente podía serlo para alguien. Ciertamente, creía que nunca lo había sido.
Aún así, quería sonreír, pero no encontraba motivos. Quería sonreír sin motivo, pero no lo conseguía. Quería sonreír aunque sólo fuese para hacer sonreír, pero algo se lo impedía. Quería aprender a apreciar las sonrisas de aquellas personas a las que apreciaba, pero tampoco lo lograba.
Aunque más que sonreír, lo que quería era querer. Era poder querer. Era sentir que sentía. Y vivir cada día compartiendo una sonrisa, sin prisa por encontrar lo que no tenía, pues tendría todo cuánto querría, todo cuánto necesitara, una persona a quien amaría.
Era eso lo que más deseaba, eso era de lo que más carecía. Pero no desistiría en su deseo, algún día lo lograría, o al menos lo intentaría, pues seguro, lucharía. No dejaría pasar de largo sonrisas, palabras, miradas, dirigidas hacia él como si de un regalo se tratasen. Las devolvería, intentando que fuesen mejores todavía. Pues más que ser feliz, lo que deseaba era hacer feliz. Pues haciendo feliz, lo sería también él.

Lo que no lograba comprender era el por qué necesitaba de alguien a su lado para sentirse bien.

"Me voy ya..." dijo al despedirse. La, como casi siempre, inexistente respuesta le acompañó durante un rato, como burlándose de su costumbre a hablar o callar cuando no debía. Él ni se inmutó, y siguió andando, con paso lento, pero a la vez firme y decidido.
Marchó en busca de algo más que lágrimas en sus sentimientos, de algo más que reproches en sus lamentos.
Marchó en busca de algo más que silencios en sus palabras.

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