Insignia identificativa de Facebook

martes, 5 de julio de 2011

Historias




Era ésta una de esas historias como tantas otras. Pero, como todas, diferente a cada una de ellas.
Y, además, con la particularidad de que aún no había sido contada, pues no tenía todavía final.

Consecuentemente, se sentía inacabada. Y a ese sentimiento se unían otros dos, producidos por la incertidumbre de tal hecho.
Ilusión y temor.

El primero de ellos, nacido de la corta vida que tenía esta historia.
Era como la ilusión de un niño cuando escucha un cuento y, al acercarse su final, esa ilusión vivida por él durante todo el relato termina en un feliz desenlace. Pues las historias contadas a los niños siempre acaban con finales felices.
En cambio, al crecer, las historias de los mayores casi siempre son tristes, con finales más tristes todavía que el propio relato.


Y, como en éstas últimas, esta historia sin final definido sentía miedo a acabar tristemente.
O, quizá peor, quedar huérfana en su desenlace.

No le importaba en demasía que su argumento no fuera el mejor que había leído, ni que sus palabras no fuesen las más bellas, pues bien sabía, como todos aquellos que han leído, como todos aquellos que han vivido, que, en toda historia, en toda vivencia, lo importante no es cómo empieza. Lo fundamental es su terminar.
Pues cada vivencia, también es una de ellas. Una de esas historias en algunos momentos de la vida soñadas, o escritas, y en ocasiones, vividas.

Ocurre que, aunque no se conozca el final de la, quizá, triste historia que se esté viviendo en un determinado momento, ésta, seguro, algún día acabará.
Si lo hace tristemente, será para dar comienzo a una nueva historia con, en principio, indefinido final aún por escribir.
Si lo hace felizmente, será para dar comienzo a una nueva historia. Y ésta sí, ya, por fin, feliz, aunque sólo lo sea en su inicio, aunque se desconozca su final.

Lo único claro es que las historias están para ser contadas, así como las vivencias están para ser vividas y, en ocasiones, convertirlas en historias que contar.
Y ello, a pesar de que no deja de ser extraño encontrar a alguien que sepa escuchar, sobretodo cuando se trata de historias vividas. De tristes historias vividas... con un triste final o, tal vez, aún sin final escrito.

No hay comentarios: