Dejé la frialdad en el umbral, al lado de algunos sentimientos que habían quedado allí como restos de tiempos mejores. No es que me gustase mostrarme frío a los demás, pero sin esa protección creía desnudas emociones que no quería mostrar, pues nunca fue bueno que surgieran al exterior.
Sin saber muy bien por qué sentía tal necesidad, reuní mis pensamientos para escribir y empecé mi relato: "Cabizbajo, llegó por fin a casa. No había sido una buena noche..."
En esta madrugada no puedo, o no sé, terminarlo. Me dije que quizá lo haría en otra de esas solitarias noches que tanto se repetían, pero en mi interior deseaba nunca acabar de escribirlo. Olvidarlo, destruirlo, dejar de sentirme identificado en cada palabra.

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